Simulacros, su importancia y valor

Harta literatura se ha desarrollado respecto a este asunto de los simulacros y su valor teórico para la organización que debe ejecutarlos. En numerosas ocasiones nos encontramos con parte de la estructura participante (en cualquier nivel: estratégico, operacional y táctico), cuya opinión es manifiestamente la devaluación de la funcionalidad de este tipo de ejercicios. Se llega a considerar más como un requisito legal, una forma de romper la monotonía de la rutina diaria, más trabajo aún que confeccionar, etc…; generándose tantas opiniones y dispares, como actores intervinientes participan en el mismo.

Como ya sabéis estos ejercicios no solo pueden tener carácter obligatorio legislativa o normativamente, sino que además describen un cierto grado de periodicidad para desarrollarse. Su función sin lugar a dudas y totalmente necesaria, pasa por implementar la metodología prescrita y verificar su correcto funcionamiento. De ahí parte su extremo valor. Nos sirve como herramienta para medir la interrelación con otras empresas o instituciones, e incluso otros planes, además de poder constatar la competencia convenida por los recursos humanos seleccionados y capacitados previamente para el uso y empleo de los medios materiales disponibles.

Sin lugar a dudas un simulacro ha de ser eficaz, porque cumple los objetivos que se han prescrito en su creación antes de realizarlo, eficiente ya que emplea los recursos humanos y materiales óptimos para el calado de la contingencia sobrevenida durante la simulación, y sobre todo seguro. La aplicación de las medidas de protección colectivas, los equipos de protección individual, así como la organización, no deben dejar resquicio alguno a que pueda ocurrir ninguna fatalidad o accidente.

La concentración en las tareas coordinadas a ejecutar, la neutralización y control de los riesgos intrínsecos que no puedan eliminarse, son fruto de la necesaria concienciación por parte de todos los actores que intervienen, así como de los potenciales afectados en el teatro de operaciones. El inicio de esta concienciación comienza por la formación teórico-práctica de todos. Factores como la unificación terminológica, comprender la importancia dentro del plan de las tareas individuales así como de las colectivas, y hacer conscientes a todos los participantes de los resultados, como de las oportunidades de mejora, y qué se ha realizado de manera incorrecta para poder corregirlo ante nuevos eventos; debe desatar el espíritu de pertenencia así como la importancia de lo que se espera que hagamos, dentro del nivel estructural al que pertenecemos en la organización de la emergencia. Desarrollar, evaluar y optimizar constantemente un sistema planificado hacia un modelo eficiente, es el core de este tipo de herramientas.

Algunos simulacros fracasan estrepitosamente incluso antes de su comienzo. Una parte esencial no recogida en las planificaciones, es cómo llevar a cabo de manera pragmática lo recogido en un enorme compendio. El sistema de gestión que ayuda a establecer la interconexión entre todos los recursos del plan, cómo realizarlo en una actividad simulada o contingencia/accidente, ha de ser un hecho tangible, útil y conocido por todos, en su justo ámbito competencial, que no lastre de documentos o acciones fútiles, distorsionando el objetivo general perseguido para controlar y neutralizar la emergencia. Ha de ser PRÁCTICO e individualizado para cada compañía, empresa, administración, etc… ya que no existen dos lugares idénticos en la totalidad de factores a contemplar. Este sistema de gestión aplicable a los simulacros, para luego hacerlo extensible a la realidad funesta; comienza siempre por una implementación inicial; en donde mediante aproximaciones sucesivas trataremos de acercarnos al hábito/comportamiento deseado por todo el personal afectado en la aplicación del plan en cuestión.

Sin lugar a dudas un simulacro exige preparación, identificación de problemas, investigación y determinación de las causas, verificar el correcto proceso de aprendizaje en el ámbito competencial prescrito en el plan, para poder constatar definitivamente el alcance del objetivo propuesto. Sin duda surgirán desviaciones a poder corregir, pero si no mantenemos una trazabilidad y una estrategia previamente definida de qué perseguimos mediante estos ejercicios, dentro del compound del plan, su eficacia y valor se verán mermados a las opiniones iniciales expresadas en el primer párrafo.

Los simulacros desde un punto de vista general, destinándose tanto a safety como a security, aunque ambos conceptos son indivisibles ante una situación de emergencia, al menos deberían buscar como conclusiones tras su finalización el hecho de recoger los siguientes parámetros:

  • ¿Se ha seguido el orden de prioridad frente a los bienes jurídicos a proteger definidos en nuestro ordenamiento jurídico (protección de uno mismo y de su compañero [personal interviniente], rescate de víctimas y salvamento de potenciales víctimas, bienes muebles e inmuebles y protección del medio ambiente)?
  • ¿Las medidas de protección colectivas y equipos de protección individual han sido los adecuados al riesgo simulado? ¿Se han empleado de manera correcta?
  • ¿Se ha seguido la estructura orgánica/funcional del plan: cadena de mando, ¿unidad de mando y alcance de control?
  • ¿Ha sido la dirección estratégica correcta en la toma de decisiones y funciones asignadas de coordinación, establecimiento ágil de la estrategia (defensiva, ofensiva o en transición) y la confección específica del plan de acción para el escenario concreto planteado?
  • ¿Cómo ha desarrollado el nivel operacional las funciones asignadas? ¿Y el táctico? ¿Ha habido adaptabilidad ante los imprevistos?
  • Las comunicaciones intra y extra, ¿se han llevado a cabo de manera adecuada?
  • ¿Cuáles han sido las fortalezas detectadas en el nivel estratégico, operacional y táctico, durante las tareas ejecutadas?
  • ¿Qué oportunidades de mejora se han detectado en las tareas ejecutadas?
  • ¿Qué imprevistos a contemplar por falta de acción o contratiempo inesperado se han detectado?

Pero, cómo desarrollar un simulacro desde el inicio. ¿Sería adecuado tener un guion a seguir…? ¿Qué sistema podría emplear para la gestión de emergencias y simulacros? En relación a estas preguntas, y las generadas por esta humilde opinión en el texto trataremos de darle solución en el siguiente artículo.

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David Rodríguez Carrasco.

Coordinador Autonómico (Andalucía) de Protección Civil

Asociación Nacional de Directores de Seguridad Siglo XXI

 

 

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