Resiliencia social

La resiliencia social fue definida como “la capacidad del sistema social para responder y recuperarse de los desastres que incluye las condiciones inherentes al sistema que le permite absorber impactos, afrontar el evento y sus efectos posteriores, así como también, llevar procesos adaptativos que facilitan su capacidad para reorganizarse, cambiar y aprender en respuesta a una amenaza”. (Cutter, S.L., Barnes, L., Berry, M., Burton, Ch., Evans, E., Tate, E. & Webb, J. (2008). A place-based model for understanding community resilience to natural disasters. Global Enviromental Change, 18, 598-606. https://doi.org/10.1016/j.gloenvcha.2008.07.013)

Al tener una capacidad resiliente, las sociedades pueden absorber los impactos de los desastres, enfrentar las situaciones de emergencia y sus consecuencias, y luego adaptarse y reorganizarse para reconstruir y fortalecer sus funciones y estructuras sociales.

La resiliencia social implica la colaboración y la cooperación entre los miembros de la comunidad, así como la existencia de redes sociales sólidas y sistemas de apoyo mutuo. Además, implica la capacidad de aprovechar los recursos disponibles y movilizarlos de manera eficiente en tiempos de crisis. La resiliencia social también está relacionada con la capacidad de aprender de la experiencia y utilizar ese conocimiento para mejorar la preparación y respuesta ante futuros desastres.

Al promover la resiliencia social, se pueden lograr mejores resultados en la recuperación y reconstrucción de las comunidades después de un desastre. Esto implica no solo restaurar las infraestructuras físicas, sino también abordar las necesidades emocionales y psicosociales de las personas afectadas. La resiliencia social es un enfoque integral que busca fortalecer a las comunidades en su conjunto, fomentando la solidaridad, la inclusión y la participación ciudadana.

La resiliencia social es, por tanto, fundamental para ayudar a las comunidades a enfrentar los desafíos que surgen en situaciones de desastre. Al fortalecer la capacidad de adaptación, aprendizaje y colaboración de las sociedades, se puede lograr una recuperación más rápida y efectiva, así como la promoción de un desarrollo sostenible y seguro a largo plazo.

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